PÉREZ-REVERTE. La tabla de Flandes

PÉREZ-REVERTE, Arturo. La tabla de Flandes (1990). Madrid: Santillana, 2007

DISCOGRAFIA (pp. 14-16)

Hizo girar el interruptor de la lámpara, descubrió la claraboya, y la luz acerada de la mañana otoñal vino a derramarse de nuevo sobre el caballete y el cuadro, llenando el estudio atestado de libros, anaqueles con pinturas y pinceles, barnices y disolventes, instrumentos de ebanisteria, marcos y herramientas de precisión, tallas antiguas y bronces, bastidores, cuadros apoyados en el suelo y vueltos hacia la pared sobre una valiosa alfombra persa manchada de pintura, y, en un rincón, encima de una cómoda Luis XV, un equipo de alta fidelidad rodeado de pilas de discos: Dom Cherry, Mozart, Miles Davis, Satie, Lester Bowie, Michael Edges, Vivaldi… Desde la pared, un espejo veneciano de marco dorado le devolvió a Julia, ligeramente empañada, su propia imagen (…). Atractica como una modelo de Leonardo, solía decir César cuando, como ahora, el espejo enmarcaba en oro su rostro (…). A ella misma le gustaba mirarse en aquel espejo de marco dorado porque le transmitía la sensación de hallarse al otro lado de una puerta mágica que, salvando el tiempo y el espacio, devolviera su imagen con la encarnadura de una belleza renacentista italiana. (…)

La cafetera silbaba en la cocina. Julia se levantó y fue a servirse una taza grande, sin leche ni azúcar. Volvió con ella en una mano, secándose la otra, húmeda, en el holgado jersey masculino que llevaba puesto sobre el pijama. Bastó una leve presión de su dedo índice para que las notas del Concierto para laúd y viola de amor, de Vivaldi, brotaran en el estudio, deslizándose entre la luz gris de la mañana.

BACH: recursos compositivos  (pp. 62-63, 67)

- Ustedes,por supuesto, son demasiado jóvenes.

Bebían café en torno a una mesida de laca china, junto a un mirador lleno de plantas verdes y frondosas. Enun viejo gramófono sonaba la Ofrenda musical de Bach. A veces Don Manuel Belmonte se interrumpía como si ciertos compases atrajeran de pronto su atención, y tras escuchar un poco tamborileaba con los dedos un ligero acompañamiento sobre el brazo niquelado de su silla de ruedas. Tenía la frente y el dorso de las manos moteados por las manchas pardas que imprime la vejez. En las muñecas y en el cuello se le anudaban gruesas venas azuladas. (…)

- Eso tuvo que ocurrir hacia el año cuarenta, o cincuenta y algo… -añadió el anciano, y sus labios secos y agrietados modularon una sonrisa triste-. Fueron malos tiempos y vendimos casi todos los cuadros. (…)

Se detuvo unos instantes, y su atención pareció desplazarse hacia la música que sonaba en un ángulo de la habitación, entre pilas de viejos discos presididos por grabados, en marcos gemelos, de las efigies de Schubert, Verdi, Beethoven y Mozart. Un momento después miraba de nuevo a Julia y Menchu con un parpadeo de sorpresa, como si retornara de lejos y no esperase encontrarlas allí todavía. (…)

- Hay que ver -Belmonte movía la cabeza, después de un silencio largo e incrédulo-. Tantos años mirando ese cuadro ahí, días tras día, y nunca imaginé… -le dirigió una breve ojeada al hueco con la marca del Van Huys en la pared y entornó los párpados en una sonrisa placentera-. Así que le pintor era aficionado a los acertijos…

- Eso parece- recondió Julia.

Belmonte señaló el gramófono que seguía sonando en un rincón.

- No es el único -dijo-. La obras de arte conteniendo juegos y claves ocultas eran habituales, antes. Ahí tienen a Bach, por elemeplo. Los diez cánones de su Ofrenda son de los más perfecto que compuso, y, sin embargo, no dejó ninguno de ellos escrito de cabo a rabo… Lo hizo de forma deliberada, como si se tratara de adivinanzas que proponía a Federico de Prusia… Un ardid musical frecuente en la época. Consistía en escribir un tema, acompañándoilo de algunas indicaciones más o menos enigmáticas, y dejar que el canon basado en ese tema fuese descubierto por otro músico o ejecutante. Al fin de cuentas, pues de un juego se trataba, por otro jugador.

- Muy interesante -comentó Menchu.

- No saben hasta qué punto. Bach, como muchos artistas, era un tramposo. Constantemente recurría a trucos para engañar al auditorio: triquiñuelas con notas y letras, ingeniosas variaciones, fugas insólitas y, sobre todo, gran sentido del humor… Por ejemplo, en una de sus composiciones a seis voces introdujo a hurtadillas su propio nombre, repartido entre dos de las voces más altas. Pero estas cosas no ocurrían sólo en la música.

MÚSICA DE AMBIENTE (p. 88, 91)

A la mañana siguiente, Julia telefoneaba a Álvaro, sin que nadie respondiese a la llamada. Tampoco tuvo más suerte al intetar localizarlo en casa, así que puso a Lester Bowie en el tocadiscos y café a hervir en la cocina, estuvo un largo rato bajo la ducha y se fumó un par de cigarrillos. Después, con el pelo húmedo y su viejo jersey sobre las piernas desnudas, bebió café y se puso a trabajar en el cuadro. (…)

Los colores, el cuadro, el estudio, la grave música del saxo que vibraba a su alrededor, parecían dar vueltas en torno a Julia. Hubo un momento en que dejó de trabajar para, cerrados los ojos, aturdida, respirar hondo, acompasadamente, intentando alejar el súbito pavor que la había estremecido un instante cuando creyó, por efecto de la perspectiva del cuadro, estar dentro de él (…).

MÚSICA DE AMBIENTE (pp. 125-126)

Un quejido de trompeta, desgarrado y solitario. Miles Davis en el tocadiscos y la habitación en penumbra, sólo iluminada por un pequeño flexo orientado, desde el suelo, hacia el cuadro. Tic-tac del reloj en la pared, con un leve reflejo metálico cada vez que el péndulo alcanzaba su máxcima oscilación a la derecha. (…) Había perdido la noción del tiempo que llevaba sin cambiar de postura, sintiendo la música moverse suavemente en su cerebro (…), A veces, una nota de trompeta emergía con mayor intensidad entre las sombras y ella movía despacio la cabeza a uno y otro lado, siguiendo el compás. Te amo, trompeta. Eres, esta noche, mi única compañía, apagada y nostálgica como la tristeza que rezuma mi alma. Y aquel sonido se deslizaba por la habitación oscura (…)