MOLINA. El invierno en Lisboa

Es tracta d’una novel·la de 1987 de Antonio Muñoz Molina que vol retre homenatge al cinema “negre” americà i als locals on va néixer el jazz. A partir d’aquesta narració d’intriga, José Antonio Zorrilla dirigí la pel·lícula (1990) del mateix títol, amb guió del mateix director i Mason Funk.

La música era del mundialment famós trompetista de jazz Dizzy Gillespie, 1917-1993, (Billi Swann) qui també intervingué com a actor en la pel·lícula, juntament amb Klara Badiola, Michel Duperial, Esther Esparza, Isidoro Fernández, Aitzpea Goenaga, Fernando Guillén, Helene de Saint-Pere, Antonio Mesquita, Victor Norte, Eusebio Poncela (Floro Bloom), Christian Vadim (Santiago Biralbo) i Carlos Wallenstei.

Els personatges

Santiago Biralbo o Giacomo Dolphin és el pianista d’un trompetista negre de gran prestigi, Billy Swann. Cada estiu toquen en un club de Sant Sebastià, el Lady Bird, propietat del seu amic Floro Bloom. Allà coneix a Lucrecia, l’esposa d’un mafiós anomenat Bruce Malcolm.

Els escenaris

La novel·la transcórre entre tres ciutats: Madrid (club Metropolitan), San Sebastià (club Lady Bird) i Lisboa.

Fragments musicals de la novel·la

Transcripció de l’edició de Six Barral de 2007.

(…)

Tocaba sin inclinarse sobre elteclado, más bien alzando la cabeza, para que el humo del cigarrillo no le diera en los ojos. Tocaba mirando al público y haciendo rápidas contraseñas a los otros músicos, y sus manos se movían a una velocidad que parecía excluir la premeditación o la técnica, como si obedecieran únicamente a un azar que un segundo más tarde, en el aire donde sonaban las notas, se organizase por sí mismo en una melodía, igual que el humo de un cigarrillo adquiere formas de volutas azules. (2007:10)

(…)

- Pero un músico sabe que el pasado no existe -dijo de pronto, como si refutara un pensamiento no enunciado por mí-. Esos que pintan o escriben no hacen más que acumular pasado sobre sus hombros, palabras o cuadros. Un músico está siempre en el vacío. Su música deja de existir justo en el instante en que ha terminado de tocarla. Es puro presente. (2007: 13-14)

(…)

Pero era mentira esa afirmación suya de que la música está limpia de pasado, porque su canción, Lisboa, no era más que la pura sensación del tiempo, intocado y transparente, como guardado en un hermético fraso de cristal. Era Lisboa y también San Sebastián del mismo modo que un rostro contemplado en un sueño contiene sin extrañeza la identidad de dos hombres. Al principio se oía como el rumor de una aguja girando en el intervalo de silencio de un disco, y luego ese sonido era el de las escobillas que rozaban circularmente los platos metálicos de la batería y un latido semejante al de un corazón cercano. Sólo más tarde perfilaba la trompeta una cautelosa melodía. Billy Swan tocaba como si temiera despertar a alguien, y al cabo de un minuto comenzaba a sonar el piano de Biralbo, que señalaba dudosamente su camino y parecía perderlo en la oscuridad, que volvía luego, en la plenitud de la música, para revelar la forma entera de la melodía, como si después de que uno se extraviara en la niebla lo alzara hasta la cima de una colina desde donde pudiera verse una ciudad dilatada por la luz.

Nunca he estado en Lisboa, y hace años que no voy a San Sebastián. (2007:45-46)

(…)

Biralbo ya no creía que ella fuera a regresar nunca. Cambió su vida en aquellos tres años. Se hartó de la ignominia de tocar el órgano eléctrico en el café-piano del Viena y en las fiestas soeces de las barriadas. Obtuvo un contrato de profesor de música en un colegio femenino y católico, pero siguió tocando algunas noches en el Lady Bird, a pesar de que Floro Bloom, mansamente resignado a la quiebra por la deslealtad de los bebedores nocturnos, apanas podía pagarle ya ni sus copas de bourbon. Se levantaba a las ocho, explicaba solfeo, hablaba de Liszt y de Chopin y de la sonata Claro de luna [de Beethoven] en vagas aulas pobladas de adolescentes con uniforme azul y vivía solo en un bloque de apartamentos, a la orilla del río, muy lejos del mar. (2007: 47)

(…)

Había comprado a plazos un piano vertical, pero lo tocaba muy poco. Prefería tenderse y fumar oyendo música. (2007:48)